26 jun. 2014

El buen arquitecto

Había dos hombres que iban a edificar sus casas. Buscaron el lugar perfecto para poner su casa.
Un hombre era prudente. El hombre prudente era cuidadoso al tomar sus decisiones y escuchaba los consejos de otros. El otro hombre era insensato. 
El hombre prudente edificó su casa sobre la roca, y se aseguró de que todo estaba hecho correctamente. Al hombre insensato le gustaba la playa. Pensó que sería muy bueno tener una casa al lado de la playa porque estaría cerca del agua y podía nadar cuando quisiera.
Un día aparecieron nubes oscuras sobre el pueblo. De repente hubo relámpagos en el cielo. Vino el aire y el agua inundó el pueblo.
El agua empezó a subir. La marea del océano empezó a acercarse a la casa del insensato y se inundó.
Mientras tanto el hombre prudente vio la tormenta desde dentro de su casa. Él había pensado acerca de la seguridad de su casa de antemano. Ahora que había llegado la tormenta, estaba seguro. Su casa se mantuvo firme ante la tormenta.
 Si construimos nuestra vida sin Dios nuestra casa se destruirá ante las dificultades de la vida. Jesús es roca firme y segura (Lc 6, 43-49)


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