7 sept 2014

La tienda de Dios


A Dios se le ocurrió instalar una tienda en el principal centro comercial de la ciudad, en la cual, quien necesitara algo en la vida lo pudiera adquirir. Era una tienda elegante, con personal celestial,
atento a las necesidades de los clientes. En ese lugar la gente podría comprar todo: ser amado, felicidad, alegría, y todo lo que el hombre pudiera imaginar.


Llegó un cliente ambicioso y solicitó un pedido:

¿Qué desea, señor?

Felicidad y amor.

¿Algo más?

¿Se puede pedir aún más?

Todo lo que usted necesite.

Pues mire, necesito además paz espiritual, prosperidad, alegría y sabiduría para comprender a los demás.

¿Eso es todo?

Sorprendido el comprador agregó: 

Si además todo lo que he pedido se lo pudieran entregar también a mis amigos, a todo el personal de mi empresa y de ser factible a mi comunidad, a mi país y todo el mundo

El vendedor cerró el pedido y le entregó al cliente su mercancía en un pequeño sobre. El cliente escéptico, recibió el pequeño sobre y exclamó:

-¿Es todo lo que va a entregarme?

El vendedor le respondió: Usted no ha entendido la filosofía de nuestra tienda: aquí vendemos semillas y no frutos, a usted corresponde pagar el precio de su pedido, deberá sembrarlas en tierra fértil, cuidarlas, podarlas y vigilar cuidadosamente su crecimiento, y si usted tiene la paciencia, el cariño y la pasión que requieren estas semillas, darán el fruto que usted desea para toda la
humanidad.

A usted corresponde vivir todos sus días, con la entrega y el amor que se requieren para construir un mundo mejor, para que la vida no sea un fugaz chispazo en la historia de la humanidad, sino una antorcha que brille con esplendor en la hora actual, y sea entregada a las nuevas generaciones heredándoles un mundo superior con amor y sabiduría.

¡Le deseo que obtenga el fruto que solicitó en la tienda de Dios!

Si quieres que las semillas que puedes recibir de Dios den fruto aprende a cultivarlas. Apúntate ya en el próximo curso de catequesis.
¡Consulta en tu parroquia!

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